LYDIA GORDILLO

El artista, se quiera o no, le toca dialogar con el mundo, aunque sea con el universo más cercano. Si además dispone de un Cosmos de diversidad plena,  en la que distintas temáticas atrapan su atención, proporcionará al espectador curiosidades intrínsecas y razones explicitas.

Nacida en Tánger en 1961 y licenciada en Bellas Artes por la Facultad de Sevilla (Santa Isabel de Hungría) en 1986, Lydia Gordillo propone una selección temática en la que se expresa con fluidez, y en la que destaca la luz y el color, a través de una pincelada vehemente, no exenta de meticulosidad cuando es necesario, y composición y estructura, siempre dentro de los márgenes de la corrección, y en los que se aprecia originalidad y carácter.

Destaca en su biografía su encuentro en el año 1978 con el famoso pintor Claudio Bravo, quien la decanta definitivamente hacia el arte, mientras durante cuatro años, a partir de 1981 alternó su trabajo como docente con diferentes participaciones en exposiciones y talleres, para dedicarse con posterioridad a tiempo completo a la pintura.

La calidez de su tierra de origen, Tánger, es el nexo común de toda su obra, tanto de paisaje urbano, de radiante luminosidad, y tipismo,  y donde Cronos parece haberse detenido,  para adentrarnos en sus Secretos (puertas y ventanas), una temática que invita a cruzar umbrales recónditos y a irrumpir por ventanas desvencijadas que conocieron tiempos mejores, pero que son testigos mudos del transcurrir de la vida, y en las que sus Rostros y personas forman parte del entorno.

Sus Tejidos de Aracne, dúctiles, suaves, torcidos, colgantes, entrelazados, de cromatismo vivo y poderoso, así como sus Babuchas, una singularidad temática que permite a Lydia Gordillo expresar una vertiente casi de diseño, transmitiendo el exotismo del norte de África.

El contraste son sus Deportivas, agresivas, comerciales, con referencias al Pop Art, igualmente con una paleta de colores alegres y radiantes. Diseños atrevidos para un mundo que en demasiadas ocasiones pisa demasiado fuerte.

En el Culto a Baco, la artista nos sumerge en el hechizo del vino a punto de ser degustado. El vino, rosado fuerte, que no llega a tinto. Garnachas o Tempranillos, versátiles dentro de las copas, que acogen, vierten o rompen el cristal ante contenido tan precioso. Juegos de formas etéreas y oníricas, que hacen pensar en el placer del paladar y en la contemplación de la obra.

Marta Teixidó
Crítico de arte

www.cuadrosdeunaexposicion.es