JOSÉ HIGUERA

(n. 1966)

En su página Web, José Higuera ha dividido temáticamente su obra en cuatro secciones: figuras, paisajes urbanos, marinas y bodegones. No veo motivos para no aceptar esta organización que me permite algunos cometarios sobre su universo pictórico.

José Higuera es claramente un pintor realista, pero esta etiqueta es demasiado amplia para calificar, de forma convenible, el arte del pintor. Podemos incluso decir que el realismo de sus paisajes urbanos no es el mismo realismo de las marinas o de las figuras humanas. Por eso debemos considerar cada temática como un enfoque realista particular.

Los paisajes urbanos, sobre todo las madrileños, son tributarios del hiperrealismo actual. No se trata del fotorealismo puro, pero hay que reconocer una acentuada preocupación por el detalle, de manera exaltada y objetiva, hacia la ilusión fotográfica, tal como la presencia de los vidrios que satisfacen la compulsión especular del artista. El pintor busca vidrieras que permiten panoramas y una combinación sutil de superficies translucidas y reflectantes. Si Shopping o McShopping aluden al consumismo y a la ciudad vista como texto publicitario, Lluvia en Gran Vía, por el contrario, parece respirar un aire nostálgico en el que los transeúntes y las sombras coexisten en un día de luz filtrada y disminuida.

Las marinas son paisajes muy especiales porque cambian constantemente y porque la luz se refracta, cargando casi siempre el ambiente. Los pintores realistas han evitado el tema, probablemente debido a la excelente tradición impresionista. Un buen pintor realista te hace por unos instantes creer que vives cerca del mar, que abres una ventada y dejas que la realidad imponga su estética. El otro Mediterráneo capta, con indiscutible talento, la ola que inunda la playa con su mezcla de algas, coquinas y arena. Es el cuadro que más enfoca el mar como fuerza acuática, como elemento primordial.

He dejado por último las figuras porque en este caso hablamos de un realismo más poético y de una escenografía propia para presentar a sus modelos. Los modelos son niños, chicas, jóvenes, pero a mí los primeros me han llamado más la atención. Hay una sensación de calor de verano, de aire y mucha luz que inunda siempre el taller. El artista usa colores primarios tiendo una particular afección por un no-color: el blanco. Mirando las ropas o las sábanas se me viene siempre a la mente un gran maestro como posible referencia: Joaquín Sorolla. De esta serie seleccionaba, sin preocupación especial, El vendedor de sombreros.

Siesta al sol es un desnudo en que la belleza se manifiesta por si sola. Para un artista, el cuerpo de la mujer hermosa puede ser mirado con la misma naturaleza con la que miramos un paisaje. Para José Higuera, la sexualidad es intrínseca, no es manipulada por el artista como en la pornografía. Es la realidad del imaginario que invoca la fantasía, no la descripción mental de la libido.

Dan Caragea
Crítico de arte