DANIEL MARTIN CEA

Desde tiempos prehistóricos, el origen real del arte es la decoración, sin obviar que en los albores de la Humanidad, el mismo también simbolizaba ritos y liturgias. Esa faceta decorativa, tan denostada por el snobismo de algunos sectores de  la crítica, si tiene calidad, si se aprecia sentimiento y devoción, es tan loable  y tan a tener tan en cuenta como cualquier creación de los grandes maestros de la historia del arte, que realizaron obras con fines ornamentales.

Nacido en Valladolid, Daniel Martín Cea, empezó temprana su creatividad artística: a los 5 años, de forma autodidacta, aunque a los 17 se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad natal.

A lo largo de su trayectoria, ha residido y pintado en  Mallorca, Menorca, Ibiza, Madrid, Almería y Valladolid, y su obra consta en colecciones particulares de Argentina, Alemania, Madrid, Paris, Edimburgo, etc.

Bajo un prisma de pintura atractiva, elegante y de agradable contemplación, sin excluir visos de comercialidad, el pintor opta por plasmar en sus lienzos tres temáticas muy diversas: el paisajismo, la figuración y el bodegón.

En la primera de las tres, se observa tanto el paisaje natural como las marinas, la expresión de un entorno contemplado con serenidad, de luz matizada en ocasiones o radiante en otras, de la exquisitez  de la particularidad, del gesto que deja constancia del amor por el tema. En los trabajos de Daniel Martín Cea, se impone el sentimiento y la calidad pictórica, extrema. Con pincelada atenta, curiosa y cultivadora del detalle, sabe alterar espacios y crear zonas en las que el color se desgrana, impregnado de una luminosidad casi etérea.

Con respecto a su figuración, el artista deja constancia de poseer dominio técnico, y de idealizar féminas exuberantes o niños no exentos de un punto de travesura, cultivando la figura de manera segura, plasmándola con cuidado, sin dejar escapar ningún detalle al azar.

Con respecto a sus bodegones, el artista se desmelena: del clasicismo de elementos y utensilios, de plantas y flores, pasa a plasmar botas, papeleras y periódicos, objetos de plástico o botes de pintura, en una clara demostración de Realismo Contemporáneo con toques surrealistas, incluyendo un particular autorretrato… de su ego, todo ello, como un producto propio de su espíritu. Obras que nacen de la sensibilidad, pero también de la crítica, del sentido del humor, y del diálogo entre el dibujo y el color, aplicados a la perfección y puestos al servicio de la descripción precisa, con la esencia del simbolismo y de un cierto sentido críptico.

Marta Teixidó
Crítico de arte
www.cuadrosdeunaexposicion.es