Joaquin Córdoba, catedrático recientemente jubilado de la Universidad Autónoma de Madrid, durante los pasados años, particularmente durante el periodo comprendido entre la Guerra del Golfo y la del año 2003, ha participado en numerosos encuentros y actividades relacionados con el patrimonio arqueológico, los museos arqueológicos y el tráfico ilegal de antigüedades.

Una de las cuestiones que suelen llamar más la atención del público es conocer la importancia de la educación en Iraq, desde la misma constitución de la monarquía tras la I Guerra Mundial y hasta la república. Que esa educación laica, ajena a confesionalismos de ningún tipo -el iraquí se reconocería como tal no por su religión, sino por su pertenencia a una comunidad nacional definida- esté basada en parte en asumir una Historia total, desde los mismos orígenes de la cultura -las cuevas de Shanidar, el Periodo Obeid o los sumerios y acadios, por ejemplo- hasta el nacimiento de la nación moderna.

Por eso, hablar de la relevancia del patrimonio arqueológico, cómo se fue descubriendo, la forma en la que Iraq asumió las riendas de su defensa y el nacimiento y razón real del Museo Nacional de Iraq, expresión propia de la identidad nacional, me parece una labor necesaria y siempre ilustrativa en el marco de una actividad para exaltar la cultura iraquí.

Si el Museo del Prado expresa en sí mismo la historia y el ser de la nación española, en su opinión, el Museo Nacional de Iraq haría lo propio con el espíritu de la nación iraquí.

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